viernes, 5 de octubre de 2012

Mariposas en el estómago



Mariposas en el estómago. Me pasa siempre en las previas de un Barça vs Madrid. Llamadme paranoico. Es algo superior a mi y aunque de joven pensé que con el paso de los años esta absurda crisis preclásica desaparecería, la realidad me dice que como Nostradamus, tengo poco futuro. incluso diría que ahora sufro más que antes. Supongo que esto se debe a que soy más consciente del trasfondo social que conlleva el asunto. Como no, me refiero a las puyas que recibes en el curro si tu equipo pierde o las que uno aplica si su equipo gana. La salsa de la vida en definitiva.

Fuera bromas, existen aditivos más allá del componente futbolístico, que convierten este evento en algo más que un partido de fútbol. Ambos equipos representan dos formas de entender este deporte, especialmente en los últimos años. El Real Madrid basa su modelo en el resultadismo como dogma de fe. Para ello no ha dudado en dilapidar ingentes cantidades de dinero en las estrellas futbolísticas más rutilantes del momento, siendo Cristiano Ronaldo el adalid con más lustre. El conjunto capitalino, de la mano de un Florentino venido a menos tras la contratación de Mourinho, se ha convertido en un club eminentemente importador, con una tendencia clara a valorar más lo de fuera que lo de dentro. El cómo ha perdido peso. Ganar a toda costa es la ley que impera actualmente en la casa blanca.

Por su parte el Barça aplica una política deportiva diametralmente opuesta. Al igual que el Madrid, gasta cantidades astronómicas de dinero en fichajes de relumbrón. Sin embargo, todo el peso de la responsabilidad recae sobre las espaldas de chicos formados en la Masia. Amigos de infancia que se encuentran sobre el césped para jugar como hacían en su época de infantiles. El cómo, en Barcelona, si importa. Ese carácter genético de los futbolistas, además, crea una comunión casi mística con la grada.

Políticamente el partido también tiene su miga. Unos representan, posiblemente sin querer, el centralismo más obtuso. Otros, un nacionalismo que los medios se encargan de exagerar torticeramente. Como no, luego están los del blanco y negro. El gris, un color que permite miles de degradados, no existe en nuestro país. Son los que emplearán el clásico para reivindicarse en uno u otro sentido. Los que se aprovecharán de una actividad básica en la formación conductiva para hacer apología política. Los que no entienden que el deporte promueve unos valores en su mayoría contrapuestos al mundo de los escaños.

En lo meramente futbolístico, el partido viene marcado por los ocho puntos de distancia que existen entre culés y madridistas. El inicio titubante del Real Madrid unido al oficio demostrado por este Barça post Guardiola, sitúan el partido en un limbo extraño que convierte en futil cualquier conjetura táctica. A priori creo que para ambos equipos un empate es bueno. El Real Madrid es conocedor que una victoria del Barça supondría casi renunciar a la liga. 11 puntos son muchos puntos y si nos atenemos a las últimas temporadas, parece harto complicado que el Barça se deje tanta renta por el camino. Además, el Madrid debería ganarlo absolutamente todo y no parece que este año el transatlántico blanco esté para esos trotes habida cuenta del  mal rollo (Sí, lo hay) imperante en ese polvorín llamado vestuario. Así pues creo que veremos la versión más Amarrategui de Mou; ya saben, esperar al Barça y buscar algún robo en línea de medios para matar a la contra. Riesgo cero.

En cuanto al Barça, creo que igualmente mantener la distancia de ocho puntos tras el clásico sería un éxito (ojo que el Madrid ya ha alcanzado su velocidad de crucero y nosotros no). Si nos dicen a finales de Agosto que la diferencia con el Madrid por estas fechas sería la que es hoy, hubiéramos firmado con los ojos cerrados. Sin embargo, el ADN de este equipo hace imposible pensar en la búsqueda del 0-0. El Barça, como siempre, saldrá a ganar a imponer su estilo, su idea, su filosofía. Control de los tiempos, posesión, llegada por bandas, en fin, que les voy a contar que ya no sepan. Este Barça no es opaco precisamente.

No se si jugará Song, Bartra o un chaval del filial, lo único que tengo claro es que el Barça será el Barça y con eso, a mi, me basta.

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